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Qué protege y qué no el modo incógnito

Portátil abierto con la pantalla oscura sobre una mesa de madera, junto a una taza de café y una ventana

El modo incógnito, o navegación privada, borra el rastro en vuestro propio equipo al cerrar la ventana. Fuera de ese equipo, todo sigue viéndose más o menos igual que antes.

Lo que sí hace

Mientras la ventana privada está abierta, el navegador funciona casi como siempre. Al cerrarla, descarta el historial de esa sesión, las cookies que se crearon, los datos de formularios y la caché de las páginas.

Eso sirve para una cosa muy concreta: que la siguiente persona que use el mismo ordenador, con el mismo usuario, no vea qué se visitó. Sirve también para que las cookies de esa sesión no os sigan después en la navegación normal.

Ojo con las descargas. Se quedan en su carpeta, con modo privado o sin él, y ahí las encuentra cualquiera que abra el explorador de archivos del mismo usuario un rato después. Los marcadores, igual.

Lo que no hace

Anónimos no os vuelve. La web que visitáis ve vuestra dirección IP como siempre. Vuestro proveedor de Internet sabe a qué dominios os conectáis, aunque con HTTPS no vea el contenido de las páginas. En la red de una empresa, de un hotel o de un centro de estudios, quien la administra puede registrar a qué direcciones se conecta cada equipo.

Tampoco protege de programas maliciosos ni de anuncios engañosos. Una descarga peligrosa en modo incógnito es igual de peligrosa.

Y si dentro de la ventana privada iniciáis sesión con una cuenta, sea la del correo o la de una web, esa cuenta sabe lo que hacéis mientras dure la sesión.

Cookies

Las cookies son pequeños ficheros que guardan las webs en el navegador. Algunas son necesarias, como la que recuerda que ya habéis aceptado el aviso de edad. Otras sirven para seguiros de una web a otra con publicidad.

Cuando aparezca el aviso de cookies, buscad la opción de rechazar las no necesarias. Las autoridades europeas de protección de datos, también la española, piden que rechazar sea tan fácil como aceptar, aunque no todas las webs lo cumplen. Además, los navegadores principales permiten bloquear las cookies de terceros en sus ajustes de privacidad.

Extensiones y otras herramientas

En la ventana privada muchas extensiones están desactivadas por defecto, y está bien que sea así. Una extensión con permiso para «leer y cambiar todos vuestros datos en todos los sitios web» ve cada página que abrís. Antes de activar una en modo privado, preguntaos si de verdad os fiáis de quien la ha hecho.

Las redes privadas virtuales, las VPN, ocultan al proveedor de Internet a qué os conectáis, pero trasladan esa información al proveedor de la VPN. Seguís confiando en alguien. Las gratuitas tienen además un problema de cuentas: alguien paga los servidores, y cuando no pagáis vosotros, a veces lo hacen vuestros datos.

En el móvil

Lo mismo vale para el navegador del teléfono. Además, si el móvil lo comparte alguien más, tened en cuenta que las pestañas privadas pueden quedarse abiertas en segundo plano hasta que se cierran a mano. Algunos navegadores permiten bloquearlas con la huella o el código del teléfono.

Y si en casa hay menores, la privacidad de los adultos tiene su contrapartida: configurar el control parental.

También en esta web: Control parental en el router y en los dispositivos